Ventajas de la flexibilidad en Cuba
Las acciones políticas más rentables en Cuba, tanto en el plano interno como externo, son la apertura y la flexibilización, que junto a la capacidad de resistir y la firmeza, sostienen al sistema que con el fin del socialismo real y el colapso soviético perdió sus referentes teóricos y paradigmas ideológicos.
2 de noviembre de 2017 - Por Jorge Gómez Barata
Categoría: Economía
Las acciones políticas más rentables en Cuba, tanto en el plano interno como externo, son la apertura y la flexibilización, que junto a la capacidad de resistir y la firmeza, sostienen al sistema que con el fin del socialismo real y el colapso soviético perdió sus referentes teóricos y paradigmas ideológicos. En lugar de debilitarlo, las reformas emanadas de grandes necesidades sociales han reforzado el consenso nacional.
Las reformas estructurales adoptadas en Cuba son aquellas que aluden a las esencias del sistema, como es el caso de las que han modificado los criterios acerca de la propiedad, la tenencia de la tierra, las relaciones entre el trabajo asalariado y el capital y la pertinencia de la inversión extranjera directa que, en conjunto, facilitan el surgimiento del sector no estatal (nacional y extranjero) de la economía que es el hecho realmente más significativo.
La variedad de formas en que este sector se organiza (trabajo por cuenta propia, cooperativas, pequeñas y medianas empresas, y participación del capital privado) permiten que las estructuras se ajusten a nuevos formatos y modos de expresarse a diferentes escalas.
La rentabilidad de las reformas, estructurales y funcionales, en Cuba se evidencia en medidas como la autorización en 1978 de las visitas de carácter familiar a la isla de los cubanos radicados en el extranjero, especialmente en Miami, que en algo más de treinta años han realizado varios millones de viajes que, además de distensión y felicidad, han aportado cientos de millones de dólares.
Lo mismo ocurrió con la despenalización del dólar y la autorización del envío de remesas y paquetes (llamados remesas en especie), lo cual, complementado con el fin de las restricciones para viajar a los cubanos, aportan a la economía nacional lucros que ninguna de sus ramas puede igualar. Lamentablemente, las autoridades aduaneras no lo entienden así y persisten en absurdas restricciones.
Con las medidas para eliminar lo que llamó “prohibiciones absurdas” el presidente Raúl Castro ha impactado poderosamente en los ambientes sociales y políticos, así como en la economía nacional. Se comenta que la liberalización de la compraventa de viviendas, además de la satisfacción por un derecho restituido, es equivalente a haber construido más de cincuenta mil casas, mientras el acceso de los cubanos a las instalaciones turísticas en calidad de huéspedes ha mejorado el desempeño de las empresas del ramo.
Entre las estrellas de esos procesos, además del trabajo por cuenta propia, figura la posibilidad de los ciudadanos de radicarse en el extranjero y trabajar allí, lo cual realizan con cierta amplitud artistas y deportistas. Un ejemplo significativo es el cambio de los conceptos y la creación de facilidades para el acceso de los nativos a la telefonía celular lo cual, en breves plazos, ha creado un vasto mercado en expansión con millones de usuarios y consumidores, generando cientos de puestos de trabajo y negocios tanto en el sector estatal como privado. Probablemente con la oferta de facilidades y con las recargas desde el extranjero, la empresa telefónica recaude más divisas que la aduana, con la diferencia que hace más felices a las personas.

Resulta contradictorio que el socialismo que debutó como una innovación y como una alternativa al capitalismo que era preciso construir, una vez alcanzado el poder en la Unión Soviética, se haya considerado a sí mismo como una realización perfecta o solución óptima que no podía ser mejorada, por lo cual se blindó con una coraza refractaria a todas las reformas. El narcisismo y el inmovilismo explican su desastroso final.
Aunque existen premisas como es la insistencia del presidente Raúl Castro en que “el Partido Comunista ejerce la dirección de la sociedad, sin administrar las empresas ni suplantar al Estado”, todavía no se han producido definiciones ni acciones concretas para sintonizar el discurso ideológico y los estilos de dirección política con las realidades promovidas por las reformas. En China, por ejemplo, aunque estructuralmente no se ha modificado el modelo político, se han introducido importantes reformas en el modo de operarlo.
Aunque el partido comunista continúe al frente del país, el modo como Mao Zedong gobernaba en épocas de las “comunas populares” es completamente diferente a como luego lo hicieron Deng Xiaoping, Jiang Zemin, Hu Jintao y Xi Jinping, arquitectos de las reformas y artífices del éxito económico más relevante alcanzado en nombre del socialismo.
Se atribuye a Deng Xiaoping haber retomado el viejo proverbio, según el cual: “No importa el color del gato siempre que cace razones”. Se trata de un alegato por el pragmatismo y de una mutación ideológica que remite los enfoques doctrinarios y archiva los dogmas que alguna vez inspiraron la construcción del socialismo, que ahora trabaja para lograr una sociedad “moderadamente acomodada”.
Pese a las evidencias, hay en Cuba factores que en nombre de una pureza ideológica que no pudo sostener al sistema, no muestran intereses en profundizar o acelerar las reformas que, dicho sea de paso, son la única oportunidad para legitimar el sistema y hacerlo avanzar. Mientras persistan esas influencias, todo será más difícil y el desenlace pudiera ser fatal para las aspiraciones de construir una sociedad mejor inspirada en el socialismo.
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