La inversión no se puede parar por dilaciones

Desde el 2014 hasta la fecha, se aprecian avances en la concreción de negocios con capital extranjero, pero lo alcanzado aún dista de los niveles que demanda el desarrollo de nuestra economía, aunque se hayan firmado inversiones foráneas prometedoras en ámbitos como el energético, el turismo y la minería


27 de octubre de 2017 - Por Redacción Digital

La inversión no se puede parar por dilaciones

Categoría: Economía

El capital extranjero entra a Cuba con una cachaza que contradice las urgencias de nuestra economía. Contradice incluso la voluntad política expresa de asumir esas inversiones no como transfusión de socorro médico, sino como pulmón, componente lógico del modelo económico en desarrollo.

En un gesto concreto, el Parlamento convocó en abril del 2014 a una sesión extraordinaria, a fin de aprobar una Ley de Inversión Extranjera que respondía a una postura política novedosa en Cuba. La reacción posterior, sin embargo, no ha revelado todo el dinamismo que podía esperarse de aquella prisa legislativa y que le urge a la economía cubana para tomar impulso. La intención aparece con más nitidez en la letra –legislación, política afín y documentos del VI Congreso del Partido– que en el desempeño de estos años.

Aunque se han firmado inversiones foráneas prometedoras en ámbitos como el energético, el turismo y la minería, el monto del capital pactado todavía es bajo. En el Plan Nacional de la Economía del presente año las compañías extranjeras apenas asumen un 6,5 % de toda la actividad inversionista prevista, ligeramente superior a 7 800 millones de dólares, a juzgar por datos preliminares informados por el ministro de Economía, Ricardo Cabrisas, al cierre del primer semestre.

Las firmas extranjeras habrán financiado, en tal caso, unos 510 millones de dólares de inversión este año, monto aún muy alejado del ideal de 2 000 millones o 2 500 millones estimado por el gobierno como participación foránea necesaria para que la economía cubana crezca a un buen paso.  

La experiencia de otros países indica, además, que cualquier sueño de desarrollo necesita de inversiones equivalentes al 20 % del producto interno bruto (PIB) o más, entre las nacionales y las extranjeras. En Cuba esa tasa todavía oscila en torno al 10 % del PIB.

Cabrisas envío una señal alentadora en julio pasado cuando informó a los diputados que en los primeros seis meses del 2017 el gobierno dio luz verde a 11 nuevos proyectos de inversión extranjera directa y a reinversiones en otros dos negocios en marcha. El financiamiento total acordado para su ejecución en los próximos años pasa de 1 346 millones de dólares. Similar cantidad había pactado el país con empresas foráneas en los dos años y medio previos, desde que entró en vigor la Ley 118 de Inversión Extranjera. Aunque ganan velocidad, todavía los capitales externos entran con lentitud.

¿Por qué no despegan con saldo más tangible? Entre los obstáculos, el bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba amenaza con adquirir cualidad casi eterna, a juzgar por el retroceso que imprime el presidente Donald Trump a la normalización de relaciones entre ambos países. Desconocer los costos del bloqueo sería ingenuo, si no hipócrita, como dijo una vez el expresidente ecuatoriano y economista Rafael Correa. Pero los negocios con firmas extranjeras alcanzaron en Cuba una clara expansión a fines de los años 90, con récord de empresas mixtas y contratos de inversión en el 2002, cuando la persecución financiera y comercial de EE.UU. era igual de sañuda que en el presente. Por más que sean costosas, existen maneras de sortear las trampas y tropelías de Washington.

Igual o más atención merecen otros obstáculos, internos, que dilatan los trámites de cualquier inversión. A pesar de disposiciones legales para reducir los plazos de negociación, persisten enredos burocráticos que se entrelazan con deformaciones del entorno bancario y financiero nacional, como la nociva dualidad monetaria y cambiaria; pueden retardar las gestiones y desmotivar no solo a los empresarios extranjeros. Las empresas cubanas muchas veces carecen de conocimiento, entrenamiento y motivación suficiente para enredarse en asuntos que pueden implicar más responsabilidad que beneficio inmediato para la organización empresarial y sus trabajadores.

Las facilidades tributarias a los inversores, otras iniciativas proactivas como la Zona Especial de Desarrollo Mariel, y la creación de condiciones logísticas y de infraestructura, confirman el compromiso cubano con esta alternativa y prometen atenuar el efecto de los bloqueos externos e internos.

Dudas, temores al fantasma del mercado y sordas resistencias internas se adivinan en la dilatación de las negociaciones y en trabas a los empresarios extranjeros para contratar personal y servicios cubanos. La «mentalidad obsoleta llena de prejuicios contra la inversión foránea», criticada por el General de Ejército Raúl Castro, perderá calado a medida que las inversiones foráneas confirmen su mérito como sostén clave –no mero complemento– de sectores fundamentales para el desarrollo.

La senda socialista que algunos temieran perder por la alianza con capital extranjero corre riesgo real de fracaso si Cuba no construye, y administra soberanamente, vías para un desarrollo económico que otorgue puntal a los valores morales y de justicia social que le son inherentes al sistema. Sin prosperidad, el socialismo será siempre una utopía.

Las dilaciones que no puede permitirse el desarrollo

Déborah Rivas Saavedra, directora general de Inversión Extranjera, del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (Mincex), explica que «luego de la aprobación, en el 2014, de la Ley No. 118 de Inversión Extranjera y sus normas complementarias, se constatan algunos avances en la concreción de negocios con capital extranjero, tanto dentro de la Zona Especial de Desarrollo Mariel como fuera de ella».

«A finales de junio del 2017, ya se había alcanzado un número superior de negocios respecto al 2016: se habían cerrado proyectos que comprometen inversiones de capital extranjero por el equivalente a más de 1 300 millones de dólares estadounidenses.

«Los sectores que demuestran un mayor despegue hasta la fecha son las energías renovables, la construcción y la industria ligera. Además, se han aprobado negocios en otros sectores como la minería, las industrias alimentaria y azucarera, la prospección petrolera, el turismo y el sector bancario financiero.

«En este periodo se avanzó también en la identificación de otro grupo importante de oportunidades de negocio que serán publicadas, como ha sido habitual cada año, en la Feria Internacional de La Habana (Fihav), a celebrarse del 30 de octubre al 3 de noviembre próximos».

Déborah Rivas Saavedra, directora general de Inversión Extranjera, del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (Mincex). Foto: Ricardo López Hevia

Entonces, ¿en qué debemos seguir trabajando para lograr que la inversión extranjera alcance los niveles que demanda el desarrollo de la economía?. Según la funcionaria del Mincex, «aunque se han evidenciado avances en este 2017, aún no estamos satisfechos con lo logrado en materia de inversión extranjera. Es importante imprimirle mayor agilidad a los procesos que hoy se encuentran en negociación;  debemos acabar con las dilaciones de estos, que dependen, en gran medida, de una jerarquización en la atención y seguimiento por los grupos negociadores cubanos y sus patrocinadores.

«Por otro lado, el empresariado cubano, parte en estos negocios, debe continuar profundizando en lo legislado en materia de inversión extranjera y sus políticas, de manera que no se cometan errores del pasado. Debemos potenciar los proyectos agroindustriales identificados desde hace algún tiempo y que no logramos concretar; así como aquellos que desarrollen infraestructuras, eje estratégico definido en las bases del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030.

«También se debe prestar la mayor atención a los negocios que tengan como objetivo modernizar nuestras industrias y que contribuyan a la exportación de servicios tanto dentro de Cuba como hacia el exterior».


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