Ernest Hemingway: tanto amor por Cuba

Un día como hoy, pero de 1928, llegó a Cuba por primera vez el escritor estadounidense Ernest Hemingway, quien durante 20 años impregnó su huella en el corazón de los cubanos.


1 de abril de 2021 - Cira Peraza

Ernest Hemingway: tanto amor por Cuba
Tomada de Internet

Categoría: Culturales

Durante una noche nublada y de horizonte borroso, como rezan notas de la época, llegó a Cuba, por primera vez, el primero de abril de 1928, el escritor estadunidense de 29 años, Ernest Hemingway.

Registros oficiales así lo confirman. Venía en el vapor Orita, de bandera inglesa, en escala en su camino hacia España. Estaba acompañado por su segunda esposa Pauline Pfeiffer, embarazada de cinco meses. Pasaron tres días en La Habana, alojados en el Hotel Ambos Mundos, al cual consideraría como su residencia para cada una de sus visitas durante una década.

Un año después, el joven reportero vuelve a acercarse a las aguas cubanas en el barco Anita para pescar agujas, y a partir de esos encuentros, queda enamorado para siempre de la Isla y su gente, pero la fascinación fue mutua.

Tanto amor le llevó a dedicar su Premio Nobel de 1954 a los pobladores de Cojímar, pueblo pesquero donde tenía anclado su yate Pilar, con el que salía a pescar y a cazar submarinos nazis, durante la Segunda Guerra Mundial, por encargo de la embajada norteamericana. ”Amo  este país y me siento como en casa”, expresó.

Su tercera esposa Marta Gelhorn fue quien buscó y encontró Finca Vigía, en 1939, ubicada en una pequeña colina del poblado habanero de San Francisco de Paula. Un año después la compró y estableció su casa en Cuba. Allí escribió su famosa novela El Viejo y el Mar, en la cual, según sus palabras, encontró el tono literario que había buscado toda su vida. Le valió el Pulitzer en 1953 y un año después el preciado Nobel de Literatura.

El llamado Dios de Bronce de la literatura norteamericana, o “Papa” como cariñosamente se le conocía en Cuba, pasó aquí la tercera parte de su vida, se reunía con amigos, bebía, conversaba y escribía.

Su impronta aún puede seguirse en una ruta que marca la Bahía de La Habana, la Habana Vieja, el Hotel Ambos Mundos, donde su habitación es un museo, el Bar Restaurant El Floridita, sitio que exhibe una escultura de tamaño natural de Hemingway, las terrazas de Cojímar y la Marina que lleva su nombre, entre otros sitios que frecuentó durante su permanencia en La Habana.

Y quiero terminar este trabajo con un fragmento del artículo publicado por el periodista argentino Eduardo Febbro, corresponsal de Página 12.

“El magnetismo de Papa Hemingway, así lo llaman los cubanos, sus libros, sus historias, verdaderas o falsas, la estatua que los fijó en el tiempo en este rincón de uno de los bares más célebres del mundo, el Floridita, la música endiablada de la orquesta y los reconfortantes daiquiris, provocan el estado de levitación física y espiritual del cual Papa Hemingway ha sido el lazo entre Cuba y Estados Unidos. Su leyenda fue, a su manera, una forma de relación entre la isla y los continentes”.

Ernest Hemingway, nacido en Oak Park, Chicago, el 21 de julio de 1899, se suicidó en 1962, dos años después de dejar su casa de Finca Vigía. Su nuera y secretaria, Valerie Hemingway, ha dicho que el autor fue presionado por el gobierno de su país para que abandonara la Isla, donde había triunfado la Revolución en 1959.


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