Venezuela: el reto estratégico es traer de vuelta al presidente Maduro y a su esposa Cilia

Está claro que defender a Venezuela es la mejor salvaguarda a la soberanía y a la legalidad internacional de los pueblos de nuestra América.

El 3 de enero de este 2026 Estados Unidos ejecutó la mayor operación militar en América Latina desde Panamá en 1989, con el fin de secuestrar al Presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores.

Pasados varios días y confrontado diversos análisis sobre esta brutal agresión hacia la nación bolivariana, les compartiré mi punto de vista.

El hecho tiene lecturas muy claras: los pretextos imperiales venían cocinándose, la narrativa pública se centró en el supuesto vínculo del líder bolivariano con el narcotráfico y la apropiación ilegal de este país de los recursos petroleros reclamados como suyos por el presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump.

El impresionante cerco naval sobre las aguas del Caribe durante semanas  mostraba las intenciones no declaradas. La brutal y desmedida agresión, no por esperada, que costó la vida de civiles inocentes, con bombas y misiles, no traía nombres.

El ataque y el rapto del presidente Maduro y su compañera Cilia encontró la más enérgica condena de buena parte de la comunidad internacional, de gobiernos, parlamentos, partidos progresistas, organizaciones solidarias y personalidades de distintos sectores de la vida cultural, académica, política y social; así como agrupaciones pacifistas, no solo de la América Latina y El Caribe, sino del mundo consciente y civilizado que le ofende la barbarie y las violaciones de sus derechos.

Incluso en los propios Estados Unidos las protestas han ocurrido en numerosas ciudades. Algunos otros lo hicieron con la palidez del temor frente al amo poderoso. La voz de Cuba resonó con la fuerza del corneta mambí tocando al combate.

La defensa y protección del Presidente Maduro encontró pesé a la sorpresa y la superioridad tecnológica y en efectivos una férrea resistencia por sus anillos de seguridad. Treinta y dos hermanos cubanos cayeron en desigual combate.

El propio Presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, lo dijo en enardecidas palabras “la amenaza trasciende a Venezuela y es contra la humanidad entera y se sustenta en la falaz doctrina de la paz por medio de la fuerza”, pero “el muy oscuro objeto del deseo imperialista es el petróleo venezolano, son las tierras y los recursos naturales de Venezuela”. “Es también apagar ese bastión de resistencia al imperialismo y de defensa de la integración regional que es la Revolución Bolivariana”, defendió.

La ONU y su Consejo de Seguridad condenó el ataque, voces dignas se alzaron ante la mirada amenazante del representante de Trump.

La agresión sin ningún basamento jurídico, es ilegal y violatoria del derecho internacional con la gravedad de haber raptado a su presidente en ejercicio, ha sido un acto imperial, que ha creado un precedente nefasto y de inseguridad para aquellos gobiernos que no acaten los dictados del imperio.

A los Estados Unidos de Donald J. Trump no les importa nada, ni las condenas, ni el rechazo del mundo, ni el de su pueblo, ni el de su propio Congreso y eso hay que tenerlo claro.

El condenable hecho revela, sin lugar a dudas, la fragilidad, inoperancia e ineficacia del sistema jurídico internacional. Guardián de normativas que son mancilladas impunemente cada vez que se comete una agresión sin que ningún mecanismo jurídico sea efectivo y neutralizador.

La agresión y la captura de su Presidente lejos de quebrar la unidad cívico-militar del gobierno bolivariano de Venezuela, la ha cohesionado y ha cerrado filas en torno a su núcleo y a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quién por mandato legal asumió como encargada al frente de los destinos del país.

Un país agredido, levanta su dignidad nacional y su coraje. No puede olvidarse nunca que es la tierra del libertador Simón Bolivar y eso los hijos dignos de Venezuela lo llevan en la sangre y en el corazón.

Las fuerzas armadas se erigen como bastión de la constitucionalidad y de la lealtad a su gobierno y a su pueblo, el que está dispuesto a enfrentar cualquier nueva embestida imperialista.

Ahora el reto estratégico es traer de vueltaa al presidente Maduro y a su esposa Cilia, con duras batallas legales frente a la tenaz hostilidad de los halcones. Pero la justicia se abrirá paso, frente a las infamias, calumnias y mentiras fabricadas para descabezar la legitimidad del poder bolivariano.

La América Latina y El Caribe no pueden permitir que se les socave su condición de zona de paz, no lo permitirán. Ese es el legado de Fidel y de Chávez y por eso Cuba apuesta por defenderlo con la vida de sus hijos si fuera necesario. Como lo demostraron esos 32 valientes cuyos restos mortales la nación entristecida, pero con los puños en alto, le rendirá el homenaje agradecido.

Muchas lecturas con distintos matices e intentos de fraccionar la unidad se han realizado de los hechos desde que ocurrieron, pero la férrea voluntad de continuar luchando por la constitucionalidad de los líderes bolivarianos es la mejor demostración para depurar el camino.

Está claro que defender a Venezuela y el regreso de Maduro y Cilia, es la mejor salvaguarda a la soberanía, a la independencia y a la legalidad internacional de los pueblos de nuestra América.

El mundo no permanece impávido y su clamor condenando estas acciones no se apaga.

Comentario de Valentín Rodríguez, colaborador de Radio Taíno. Publicado originalmente en la Revista Temprano de la emisora.

Redacción Radio Taíno
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