Economista cubano aporta propuestas dirigidas a bajar precios
El camino es difícil, pero el rumbo es claro: salvar la Revolución, construir una sociedad más justa y mejorar la vida de nuestro pueblo

Un grupo de propuestas dirigidas a contribuir a bajar los altos precios, y con ello los niveles de inflación en el país, hizo el Héroe de la República de Cuba y Máster en Ciencias Ramón Labañino Salazar, vicepresidente de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC).
Las recomendaciones están en sintonía con las 176 medidas económicas aprobadas, las cuales en su opinión representan una de las transformaciones más profundas de nuestra economía socialista en décadas.
En un artículo enviado a la Agencia Cubana de Noticias Labañino señala que esas disposiciones “no las hemos hecho para complacer a nadie, sino para sobrevivir, pues se trata, por encima de todo, de salvar la Revolución como ha dejado claro el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel.

La primera propuesta consiste en dejar de financiar el déficit con emisión monetaria, lo cual no es una concesión al neoliberalismo, sino una necesidad desde el marxismo, subraya el destacado economista.
En su opinión cuando el Estado emite dinero sin respaldo, lo que hace es un impuesto invisible sobre los que menos tienen; por eso el gobierno trabaja en la estabilización macroeconómica como condición para que los salarios recuperen su valor.
Una segunda recomendación suya se refiere a unificar el tipo de cambio, dado que la multiplicidad cambiaria distorsiona toda la economía, dice el vicepresidente de la ANEC.
Un tipo de cambio único, aunque alto, daría señales claras a los productores y a los importadores, y eso es vital en una economía que depende de lo que viene de afuera por culpa del bloqueo estadounidense.
Labañino propone también transformar la empresa estatal, en tanto las de su tipo se están convirtiendo en sociedades mercantiles, con autonomía de gestión y expuestas incluso a reestructuraciones si acumulan pérdidas.
El objetivo es claro: hacer más eficiente el sector estatal, sanearlo, evitar el derroche, afirma, además de acotar que Carlos Marx ya mostró cómo la eficiencia es una fuerza objetiva que, incluso en el socialismo, debe ser gestionada.

Una cuarta idea es abrir espacios al sector no estatal, y en tal sentido Labañino recuerda que se han aprobado miles de mipymes, se ha ampliado el límite de trabajadores, y se permite la inversión de cubanos residentes en el exterior.
No estamos hablando de grandes capitalistas, sino de pequeños y medianos productores que, insertados en la economía nacional, pueden aportar mucho, señala, y aclara que no se cede la propiedad de los medios fundamentales de producción, eso no se negocia, acota.
Asimismo considera asumir el problema energético como una emergencia nacional, dado que el bloqueo petrolero de Estados Unidos ha paralizado nuestra economía.
Por eso se ha autorizado la primera inversión extranjera para importar y vender combustible, y casi 200 empresas cubanas ya tienen permiso para su distribución mayorista, lo cual es supervivencia, no entrega.
El Héroe de la República propone además, como una prioridad, proteger a los más vulnerables, máxime cuando se eliminan subsidios universales y tales beneficios se concentran en los que más lo necesitan.
De acuerdo con Labañino el Presupuesto del Estado subsidiaba el sector empresarial con 92,5 mil millones de pesos, la mitad destinada a tarifas eléctricas; de ahí que revisar y eliminar gradualmente esa carga es coherente con una gestión socialista racional.
En su extenso artículo titulado La inflación en Cuba: una batalla por la supervivencia de la Revolución y el bienestar del pueblo, afirma que la unidad de éste deviene hoy arma principal.
Frente a quienes desde afuera nos etiquetan como un “estado fallido”, el Presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez ha respondido con la verdad de los hechos: “¿Un estado fallido podría enfrentar un huracán como Melissa y superar el desafío de proteger la vida del pueblo en momentos muy críticos para la economía?
Los que odian a Cuba olvidan que, en nuestra Isla, el Estado somos todos. El tejido social que la Revolución ha creado en cuadras, barrios y comunidades es más poderoso que cualquier Estado típico, en tanto el poder del pueblo, ése es el verdadero poder.
El destacado economista advierte que la inflación en Cuba no es un número, sino un termómetro de la agresión imperialista y de nuestra capacidad de resistencia.
Las transformaciones que estamos aplicando no son perfectas, tendrán contradicciones, pero es mejor avanzar con correcciones que quedarnos paralizados mientras el bloqueo nos asfixia.

Afirma que no vamos a implementar un capitalismo depredador ni a realizar una privatización masiva de los activos nacionales, como algunos temen; no habrá privatización de la salud, la ciencia, la cultura o los servicios estratégicos para la nación, asegura el artículo.
Subraya que la Revolución no se arrodilla, se reinventa y se fortalece en la adversidad. Porque como nos enseñó Fidel, “Revolución es sentido del momento histórico, es cambiar todo lo que debe ser cambiado, es defender los valores en los que se cree a costa de cualquier sacrificio”.
Y eso, más que cualquier cifra, es lo que realmente nos mantiene en pie.
El camino es difícil, pero el rumbo es claro: salvar la Revolución, construir una sociedad más justa y mejorar la vida de nuestro pueblo. Esa es la batalla que estamos librando, y la vamos a ganar, concluye diciendo el Héroe de la República.




