Tabaco y el hábito de fumar, digamos NO
A pesar de que los riesgos para la salud asociados al consumo de tabaco son bien conocidos, millones de personas siguen fumando, por lo que la OMS promueve políticas eficaces para reducir se consumo, entre ellas la conmemoración cada 31 de mayo del Día Mundial sin Tabaco.
28 de mayo de 2017 - Aliuska Fábregas
A pesar de que los riesgos para la salud asociados al consumo de tabaco son bien conocidos, millones de personas siguen fumando. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que “el consumo de tabaco es la principal causa prevenible de defunción en el mundo, y actualmente mata a uno de cada 10 adultos”.
Son cifras escalofriantes, pero que a muchas personas que fuman no les dicen nada. Siempre pensamos que a nosotros no nos tocará. La realidad es que el tabaco siempre le pasa la factura a nuestra salud tarde o temprano.
Desde la OMS se intenta promover políticas eficaces para reducir ese consumo, entre las que se encuentra la conmemoración del Día Mundial sin Tabaco, que se celebra cada 31 de mayo.
El tabaco (Nicotiana tabacum), es una planta herbácea de la familia de las solanáceas, oriunda de América tropical. Químicamente está compuesto por glúcidos (40%), sales minerales (15-20%) y ácidos fenoles (cafeico, clorogénico), principios activos como alcaloides piridínicos (2-15%), la nicotina, líquido oleoso, volátil, soluble en agua y solventes orgánicos.
Es un estimulante ganglionar del sistema simpático y parasimpático que provoca alteraciones en el sistema nervioso central, produciendo taquicardia y aumento de la presión arterial. En el sistema digestivo produce entre otras cosas, aumento de secreción gástrica y pirosis (quemazón en el esófago) y afecta a las concentraciones plasmáticas de otros fármacos.
El tabaco es adictivo y altamente perjudicial para la salud del corazón. Si se deja de fumar en solo un año se reduce por la mitad el riesgo de sufrir un infarto, que se duplica si además se sufre de hipertensión arterial.
Historia
Según los expertos en botánica se ha determinado que el origen del tabaco, se sitúa en la zona andina entre Perú y Ecuador. Los primeros cultivos debieron de tener lugar entre cinco mil y tres mil años a.C.
Cuando se coloniza América, el consumo estaba extendido por todo el continente. Inhalar y exhalar el humo del tabaco era una de las muchas variedades de consumo en América del Sur.
Además de fumarse, el tabaco se aspiraba por la nariz, se masticaba, se comía, se bebía, se untaba sobre el cuerpo, se usaba en gotas en los ojos, en ritos cuando se soplaba sobre el rostro de guerreros antes de la lucha, se esparcía en campos antes de sembrar, se ofrecía a los dioses y se derramaba sobre las mujeres antes de una relación sexual.
Fue conocido por los occidentales en 1492 con la llegada de Colón y sus expedicionarios. Por orden de Felipe II, Hernández de Boncalo, cronista e historiador de las Indias, fue quien llevó las primeras semillas de tabaco a Europa en 1559.
Su extensión por el continente europeo fue gracias al embajador francés en Portugal Jean Nicot de Villemain, en su honor Linneo introduce la denominación de nicotina en su clasificación de Botánica. Este lo introdujo en su forma aspirada (rapé) y la popularizó al, supuestamente, «curar» a Catalina de Médicis (esposa de Enrique II) de unas migrañas, por lo que se le denominó hierba de la reina, Catalinaria Nuduca y hierba del embajador.
El tabaco no constituyó un problema de salud hasta la Revolución Industrial, a partir de que comenzó su producción masiva. No fue hasta los años 90 cuando se empezó a hacer eco del efecto nocivo del tabaco aunque, debido a la falta de pruebas, no se tenía del todo en cuenta la gravedad de la situación.
La Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud (OMS), intentaron prohibir en 2001 la publicidad del tabaco en todo el mundo y a partir de 2004, las empresas tabacaleras se vieron obligadas a especificar los aditivos que utilizan en la fabricación del tabaco y todas las cajetillas se empezaron a comercializar con la leyenda: «Fumar mata», «Fumar puede matar» o «Fumar daña gravemente su salud y la de las personas que están a su alrededor».
El proceso patológico más frecuente producido por el tabaco es la bronquitis y el enfisema, fenómenos principalmente de tipo inflamatorio y destructivo, pero que pueden complicarse con lesiones obstructivas.
La nicotina tiene un efecto directo sobre el sistema vascular, pudiendo producir gangrena como complicación de la enfermedad de Buerger. El hábito tabáquico influye negativamente en la potencia sexual masculina.
Por lo general, los trastornos crónicos del nicotinismo aparecen después de varias decenas de años. Las demás manifestaciones que normalmente se nombran – cáncer de labio en los fumadores de pipa, cáncer de vejiga, cáncer de esófago- han sido demostradas con certeza; en el caso del cáncer de vejiga, se ha observado una mayor peligrosidad del tabaco negro que del rubio.
El tabaco es el responsable del diagnóstico de casi la totalidad de casos de enfermedad pulmonar obstructiva y enfisema y de cáncer de pulmón, y se le achaca un tercio de la responsabilidad en la contracción de cualquier tipo de cáncer o de enfermedad coronaria. De hecho es el responsable de la bronquitis crónica, hipertensión arterial, hemorragia cerebral y del cáncer de esófago, cavidad oral y laringe.
La motivación más alta que se puede tener para dejar de fumar es que nunca es demasiado tarde. Un estudio reciente de la Universidad de Alabama reveló que los fumadores, incluso los mayores de 65 años, que abandonen el hábito del tabaco pueden disminuir el riesgo de insuficiencia cardíaca y muerte por enfermedad coronaria hasta el nivel de los no fumadores en menos de 15 años (una media de 8 años).
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