Liborio Noval “Los Ojos de la Revolución”
“El hombre es quien hace funcionar la máquina. Puedes tener el último grito de la técnica, el mejor rollo, un buen revelador. Si quien se sitúa tras la cámara no es un buen fotógrafo, la técnica no vale nada”.
19 de octubre de 2018 - Por Yuricel Romero
“La fotografía no es más que captar los hechos y fenómenos de la vida y la muerte, con visión estética y personal del creador, utilizando los códigos reconocidos, las leyes de la comunicación y las reglas del diseño; plasmándola gráficamente en cualquier soporte a través de métodos físicos, químicos o electrónicos, para no ser olvidada; convirtiéndola en una memoria creativa y documental”
Ramón Cabrales Rosabal (Santiago de Cuba, 1949)
“Es un cubano más que por añadidura lleva el nombre con el que, durante décadas, se ha identificado al cubano de a pie.” Así definió el periodista Ciro Bianchi al Premio Nacional de Periodismo Liborio Noval Barbera.
Liborio nació en La Habana el 29 de enero de 1934. De sus progenitores españoles decía haber heredado el sentido de la honradez y la amistad, el respeto incondicional a “los mayores” y en el trabajo, el ejercicio de la más férrea disciplina.
Su pasión por salvar de la desmemoria las imágenes que aprendió a descubrir gracias al lente de ese “artefacto mágico”, apareció años más tarde. Aunque en los paseos dominicales de la niñez, la camarita del tío dejó constancia de la historia familiar.
Se suceden las escenas en la vieja Habana, donde su padre (quien murió cuando él tenía diez años), era empleado de una peletería y su madre confeccionaba los más distinguidos abanicos de la Isla en una tienda nombrada La Villa de París.
Comenzó a trabajar como investigador de mercado en la agencia publicitaria Siboney de su ciudad natal en enero 1952. Allí descubrió su pasión por el arte fotográfico. “Es curioso. Yo nunca, es cierto, pensé en ser fotógrafo, pero quizá siempre el fotógrafo animó en mí aunque no lo supiera”
“Un día me ofrecieron trabajo en el laboratorio fotográfico de la agencia porque se suponía que después de cuatro años como investigador de mercado cualquiera estaba viciado. La primera vez que presencié el proceso de revelado e impresión de una foto terminé preguntando si se botaban los negativos en la basura. Con la respuesta descubrí que con uno solo podría obtener miles de copias. Y me fascinó”.
Posteriormente la empresa se vinculó a importantes marcas comerciales y necesitó aumentar su personal, por lo que Noval ocupó una plaza de ayudante de fotografía en 1957.
Su formación fue básicamente autodidacta. Se apoyó en la experiencia de compañeros de trabajo, entre ellos Raúl Corrales, quien ese mismo año fue contratado por la agencia para efectuar una serie de reportes gráficos para una firma de cigarros. Junto a él se inició como fotógrafo, actividad que alternaba con tareas clandestinas en una célula del Movimiento 26 de Julio. Las fotos que produjo en esos años eran reproducidas por dibujantes para la divulgación de productos en revistas como Bohemia, Carteles y los periódicos de la ciudad.
Después del triunfo revolucionario en enero de 1959, se integró al laboratorio fotográfico del periódico Revolución, labor que alternaba con su trabajo en el sector publicitario. También colaboró con la revista INRA, perteneciente al Instituto Nacional de la Reforma Agraria.
En 1960 se hizo fotorreportero y se dedicó por completo a cubrir con su lente la epopeya del nuevo proceso histórico. Así, acompañó a los principales dirigentes cubanos en las más variadas misiones de la agenda nacional e internacional.
En primera instancia habría que destacar su experiencia con Ernesto Che Guevara, con quien compartió varios trabajos voluntarios en algunos barrios de La Habana en 1961. Impresionado y motivado por la actitud ejemplar del héroe, Noval no sólo cumplía con sus responsabilidades como fotógrafo, sino que también participaba directamente en aquella trascendental iniciativa del Che de contribuir con altruismo a la construcción de una sociedad nueva. De aquí saldrían no pocas fotos emblemáticas de su obra, como aquellas en las que el entonces Ministro de Industrias se muestra en plena actividad en beneficio de la economía nacional y de los más necesitados.
Fue fundador de la Sección de Fotografía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en 1961, así como de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). En 1963 fue testigo de los graves perjuicios causados por el huracán Flora en Camagüey y las actuales provincias orientales. Durante tres días participó en el rescate de víctimas, apenas sin dormir o comer, y captó en vivas imágenes las cuantiosas pérdidas humanas y materiales.
Desde la creación en 1965 del periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, Noval se incorporó a su equipo de fotógrafos para testimoniar visualmente los hechos políticos, económicos, sociales y culturales más relevantes del país. Se mantuvo ininterrumpidamente en esta publicación hasta que se jubiló en la década del 90.
Quizás las instantáneas más representativas de su trayectoria artística sean las tomadas a Fidel Castro, a quien acompañó en numerosos viajes por el mundo. Tuvo la oportunidad de hacer algunos de los retratos más notables, desde múltiples ángulos, del guía de la Revolución Cubana. De esta serie se publicó en 1999 su libro Instantáneas sobre Fidel, el cual recoge una muestra de 77 imágenes que abarcan un periodo de 40 años.
En esas fotos Noval ha sabido destacar la dimensión humana de Fidel Castro, con un dominio pleno de la técnica del blanco y negro. Cuando publicó dicho libro pidió al Comandante en Jefe que se lo dedicara, y Fidel lo hizo con solo dos palabras. Escribió: “Para Liborio”. Comentó enseguida: “Decir Liborio lo dice todo”.
En 1969 fue enviado, sin la compañía de ningún periodista reportero, como corresponsal de guerra a Vietnam, donde permaneció durante 55 días. Los registros fotográficos de la enorme capacidad de resistencia del pueblo vietnamita fueron presentados en 1975 en el libro A pesar de…, que incluyó una selección de poesía de autores de ese país. Liborio Noval también ha denunciado con su arte la hambruna en Mongolia y otros conflictos del Tercer Mundo.
Brindó cobertura en todas las Cumbres Iberoamericanas celebradas entre 1991 y 2002, y también otras citas magnas, desde las de la Tierra hasta la del Milenio. Sin dudas, su intenso ejercicio profesional lo convierte en uno de los fotógrafos cubanos más señalados de la historia contemporánea.
Alguien lo definió una vez como cazador de imágenes, Liborio pareció estar de acuerdo con la frase: “Para hacer una buena imagen tienes que mirar a través del lente y esperar tu oportunidad sin importarte el tiempo, aunque se te haga infinito. En esto el fotógrafo es como el cazador que aguarda pacientemente por su presa.”
“El fotógrafo, sobre todo el de prensa, atrapa en una imagen lo que ve y lo hace de manera que después sea bien comprendido. Lo hace con una ética, lo mejor posible, aunque a la hora de tomar la fotografía no tenga las mejores condiciones para ella (…) tiene que olvidarse de todo, incluso de sus problemas personales, saber cuál es el momento de su foto.”
Esa constancia en la fotografía política, su fidelidad al periodismo y la insistencia en la foto noticiosa hacen que se conozca menos otro Liborio Noval que se empeña en hacer arte aun en sus fotos de urgencia. Sabe que en ella captará un instante que tal vez no se repita, y eso obliga a decidir, en cuestión de segundos, sobre el ángulo y la composición de las fotos.
“Una buena fotografía es el conjunto de muchas cosas. No todo lo que uno tira es bueno y muchas veces se “chifla” la foto. La carencia de materiales te da una tensión en el trabajo: debes ser más preciso, sintetizar, asegurar “la foto” con menos película. A la hora de ampliar, tú completas tu trabajo. Eliminas todo aquello que molesta a la vista, y puedas eliminar y convenga a la composición de la foto. Pero la buena composición tienes que procurarla desde que tomas la foto.”
“Antes de hablar de qué es una buena foto, hay que precisar qué se quiere, pues no es lo mismo una fotografía de prensa que una publicitaria, la foto de una boda o de una fiesta de cumpleaños. En la foto de prensa está la inmediatez y el fotógrafo debe poseer una agilidad que va del ojo a la mente y de la mente al dedo que oprime el obturador de la cámara. Tiene que estar metido de lleno en el incidente que va a reportar y tirar hasta dar con la foto.”
“El hombre es quien hace funcionar la máquina. Puedes tener el último grito de la técnica, el mejor rollo, un buen revelador. Si quien se sitúa tras la cámara no es un buen fotógrafo, la técnica no vale nada.”
Noval ha sido premiado en certámenes nacionales e internacionales. Su obra, apreciada en numerosas exposiciones individuales y colectivas; se ha publicado en Cuba y el extranjero. Mereció importantes distinciones y condecoraciones: Diploma Periodista Internacionalista de la UPEC (1975); Sello Ho Chi Min, República Democrática de Vietnam (1978); Medalla Vuelo Conjunto Espacial Soviético-Cubano (1980); Distinción Raúl Gómez García que otorga el Sindicato de Nacional de Cultura (1982); Distinción Félix Elmuza de la UPEC (1983); la Réplica del machete de Máximo Gómez que le fuera entregado por la dirección del Minfar (1987); el Sello 80 Aniversario del Natalicio de Lázaro Peña que confierela CTC (1991); la Distinción Majadahonda 36 de la UNEAC (1992), el Sello de Laureado del Sindicato de Cultura (1992); la Medalla Juan Gualberto Gómez (1995), la Distinción por la Cultura Nacional (1997); el Sello conmemorativo XX Aniversario del Contingente Internacionalista Ho Chi Min (1997) y el Premio Nacional de Periodismo José Martí (2001). Obtuvo la condición de Vanguardia Nacional del Sindicato de la Cultura (2001) y la Medalla Alejo Carpentier del Ministerio de Cultura (2002).
Fue jurado en varios concursos de fotografía y participó con dos obras en la Subasta Humanitaria de la Casa de las Américas con motivo de la Bienal de La Habana en el año 2000. También asistió con dos obras a la subasta humanitaria para la Fundación Chappard en Venezuela, para recaudar fondos contra el Sida.
De Liborio, cierta vez escuché que era catalogado como “El Fotógrafo de Fidel”, pero sobre esto opinaba: No soy el fotógrafo de Fidel ni aspiro a serlo. Me he cansado de repetirlo. “Soy un fotógrafo de prensa que desde 1960 en el periódico Revolución y desde octubre de 1965 en Granma he tenido, como otros colegas, la oportunidad de fotografiar al Presidente cubano. Quizá me hayan puesto “el cartelito” por el libro. Instantáneas agrupa imágenes de Fidel, algunas de ellas inéditas, que tomé entre 1960 y 1998, siempre en actividades públicas. Eso quiere decir que mientras yo hacía mi trabajo había otros muchos fotógrafos que hacían el suyo. Bueno, es verdad… a nadie se le ocurrió la idea de un libro como el mío. La vida, el destino, no sé, me deparó esa posibilidad, esa dicha.”
Falleció en La Habana el 29 de septiembre de 2012. Ese día se cerraron sus ojos de hombre, pero su mirada de artista, de periodista, de buen cubano, seguirá acompañando a la Cuba contada en sus fotos. Su pasión por el lente y la Historia quedaran como baluarte de quien será por siempre “Los Ojos de la Revolución”.
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