La fama bajo el martillo
La fama volvió a estar bajo el martillo al venderse recientemente en Jerusalén los consejos para la felicidad de Albert Einstein, considerado el científico más famoso del siglo 20.
9 de noviembre de 2017 - Por Yolanda Orihuela
Cuando supe de la noticia que hoy mueve este comentario, recordé otro que he escuchado en varias oportunidades y de cuya veracidad doy fe: las personas extraordinarias están ligadas a acontecimientos extraordinarios. Podría poner ejemplos variados pero voy a centrarme en uno que acaba de marcar la historia del mercado del arte.
La fama volvió a estar bajo el martillo al venderse recientemente en Jerusalén los consejos para la felicidad de Albert Einstein, considerado el científico más famoso del siglo 20. Ha sonado el remate de dos notas que "el genio" dió como regalo tras saber que le había sido concedido el Nobel. Ahora los dos manuscritos con su firma multiplicaron en subastas por 200 el valor esperado. Una de ellas superó el millón y medio de dólares.
Los dos peculiares documentos fuero escritos por Eintein en el Hotel Imperial de Tokio. La más amplia de esas dos breves notas, con un estomago de salida de 2 MIL dólares y que la casa Winners calculaba que alcanzaría un precio final de entre 5 MIL y 8 MIL, superó todas las expectativas y se vendió por 1.560 MIL dólares. Nos referimos a un párrafo escrito en un folio de 13 por 21 centímetros con el logotipo del hotel japonés donde dice: «La calma y una vida modesta trae más felicidad que la persecución del éxito combinado con agitación constante. Noviembre 1922".
El segundo texto, más corto y en un papel más pequeño, de 14 por 18 centímetros refiere: «Cuando hay voluntad, hay camino», .Este salió al ring con un precio de mil dólares, se estimaba que llegaría a entre 4.000 y 6.000 y finalmente se vendió por 240.000.
Einstein había embarcado en un viaje a Japón para dictar conferencias y, durante la travesía, se enteró por un telegrama de que se le había concedido el Premio Nobel de Física 1921, vacante el año anterior. El científico decidió proseguir su viaje, lo que le llevó a perderse la entrega de los lauros en Estocolmo.
Una vez en Tokio cuentan que trató de poner sus pensamientos y sentimientos en papel. Cuando un mensajero fue a su cuarto, no tenía suelto para darle una propina y decidió sacar partido a su nuevo estatus dándole dos de sus escritos. Einstein advirtió al sorprendido mensajero que guardase los papeles, ya que en el futuro estos podrían valer más que una propina habitual, como ha resultado ser casi un siglo más tarde.
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