El mejor espacio para el disfrute de la naturaleza
Las huellas de un tesoro natural se encuentran en la carretera que va hacia el Consejo Popular de Cidra. El lugar se hacía invisible a su paso, el cual se encuentra en el borde de una depresión con una altura de unos 75,5 metros sobre el nivel del mar.
7 de octubre de 2019 - Tomado de Tv Yumurí
Por casualidad de la vida, de esas que te impone la vida, visité un espacio geográfico ya en ruinas, el encanto increíble que ni el paso del tiempo puede destronar al atractivo territorio que describe su místico hechizo.

Las huellas de un tesoro natural se encuentran en la carretera que va hacia el Consejo Popular de Cidra. El lugar se hacía invisible a su paso, el cual se encuentra en el borde de una depresión con una altura de unos 75,5 metros sobre el nivel del mar en el borde superior y en su borde inferior, a unos 73 metros aproximadamente.
Para mi sorpresa me encontraba en una prehistórica y sobreexplotada mina de materiales para la construcción. Caminando entre el vetusto sitio percibí sin novedad alguna su edad geológica perteneciente al Neógeno.

Es difícil imaginar que el monolítico lugar pudo ser una cantera y no una lujosa galería con diversas tipologías en su formación, con presencia de suelos compuestos por arenisca, marga y caliza, donde se visualiza que las rocas predominantes en el terreno son calizas margosas que se enlazan entre sí.

Prevalece la presencia de un relieve cársico que pertenece al nivel de terrazas de las Cuevas de Bellamar, y figura un antropismo provocado por la acción del hombre, con predominio de microformas, excavaciones y monolitos que forman los montículos de típicas terrazas, tanto por la acción de las aguas, como por la erosión del viento.

Se simboliza en el suelo un proceso acumulativo y de deposición, variable en su coloración y estructurado en capas compuestas por humos como materia orgánica fundamental para el desarrollo de las plantas.


Las rocas al desnudo y la extremada aridez de aquel suelo esquelético son el recuerdo imborrable de la barrena y el empleo de explosivos para la extracción de la chapas de canto, hoy cubierto por una vegetación herbácea y por algunas plantas invasoras como el marabú.
Se convierte en un ecosistema que hace un llamado a la inclusión de proyectos efectivos para compensar el efecto nocivo de esta actividad garantizando la disminución de impactos ambientales provocados durante su aprovechamiento y la disminución, al menor grado posible, de efectos socio-económicos negativos para los diferentes bioma.

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