Un muro, una costa, una tradición
Todo aquel que detiene su paso en La Habana gusta de sentarse durante un rato en ese largo muro que es nuestro Malecón donde las olas rompen a lo largo del espigón de esa vía.
14 de marzo de 2018 - Por Mercedes Hernández
Le invito a que me acompañe a uno de los sitios más emblemáticos de nuestra Habana y que ha inspirado a muchos compositores a cantarle...El Malecón.
Todo aquel que detiene su paso en La Habana gusta de sentarse durante un rato en ese largo muro que es nuestro malecón donde las olas rompen a lo largo del espigón de esa vía, una de las principales arterias de la ciudad de La Habana y sitio de obligada referencia para todo el que apuesta por la isla como destino para el descanso y la recreación.
El atractivo vial se extiende desde la entrada de la Bahía de La Habana, al este, por espacio de unos cinco kilómetros hacia el poniente, con un caprichoso diseño en paralelo a la irregular línea costera, bañada por las cálidas aguas que rodean a la isla.
Además de su belleza, avalada con una historia centenaria, el Malecón habanero constituye una pieza clave en el orden vial de la ciudad, pues con sus seis carrileras, tres en cada dirección, permite una circulación fluida.
Para muchos, el sitio es considerado como un verdadero pulso de la ciudad, fiel reflejo de la vida de sus habitantes, sus amores, juegos, tristezas y encuentros, todo ello en un espacio de pocos miles de metros.
Un dato curioso es el hecho que en los primeros años del siglo XX ofreció también el atractivo de los baños públicos, donde los pobladores de la época disfrutaban de las cálidas aguas del mar, con el recato entre hombres y mujeres que dictaban las costumbres de antaño.
Su trazado peculiar sirvió para los más diversos acontecimientos, incluyendo carreras de autos, filmaciones de películas, desfiles y conciertos.

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