Celebra el mundo este 27 de marzo el Día Internacioanal del Teatro
El año 1961 marcó la pauta para concebir el 27 de marzo como Día Mundial del Teatro por el Instituto Internacional del Teatro (ITI).
27 de marzo de 2019 - Por: Daniel González Cabello.
El año 1961 marcó la pauta para concebir el 27 de marzo como Día Mundial del Teatro por el Instituto Internacional del Teatro (ITI).
Las naciones del mundo celebran esta fecha con eventos teatrales y jornadas escénicas para conmemorar un aniversario más de la primera declaración y para rendirles homenaje a los grandes maestros del teatro universal.
El objetivo de declarar un Día Internacional del Teatro era dar a conocer el mundo de las artes escénicas a más personas.
La elección de la fecha se debió a que, desde 1954, el 27 de marzo se iniciaba la temporada en el Teatro de las Naciones de París, evento con el que, además, se pretendía lograr una comunión entre países después de terminada la Segunda Guerra Mundial, en días de la reconstrucción europea.
En Cuba la fecha se celebrará con un amplio programa de actividades donde sobresalen las presentaciones escénicas, las lecturas dramatizadas, homenajes y presentaciones literarias de novedosas propuestas teatrales.
La sala Abelardo Estorino del Ministerio de Cultura acogerá la apertura de la jornada que se llevará a cabo hasta el próximo domingo en homenaje al arte de las tablas y el programa comprende la presentación de los libros El largo viaje hacia la verdad, de Carlos Sarmiento y, En un segundo de fulgurante revelación, de Andy Arencibia, entre otros. También tienen lugar en ese espacio la lectura del primer llamado al Festival de Teatro de La Habana 2019, por Indira Rodríguez Ruiz, la presentación de novedosos títulos de la colección Tablas- Alarcos y diálogos con los autores Yerandy Freites y Agnieska Hernández, moderado por Norge Espinosa.
El fin de semana se suman a las celebraciones atractivas propuestas de agrupaciones del país como Teatro de las Estaciones con El irrepresentable paseo de Buster Keaton, Teatro de la Luna con Ocurre en domingo, Teatro El Público con Entre nosotros todo va bien, El Ciervo Encantado con Guan melón, tu melón.
En esta ocasión la fecha se celebra con mayor regocijo en nuestro país al ser seleccionado un teatrista cubano para la lectura del mensaje que cada año pronuncia un destacado intelectual del mundo teatral. Nombres de talla universal como Arthur Miller, Peter Brook y Eugene Ionesco han sido portavoces de este mensaje que cada año de pronuncia en la capital francesa. En el año 2019, el director de la compañía Argos Teatro, Carlos Celdrán ha sido el encargado de este mensaje para el mundo teatral.
En ocasión del Día Mundial del Teatro 2019, la Unesco y el Instituto Internacional del Teatro publicaron hoy el mensaje de conmemoración escrito por Carlos Celdrán.
“Antes de mi despertar en el teatro, mis maestros ya estaban allí. Habían construido sus casas y sus poéticas sobre los restos de sus propias vidas. Muchos de ellos no son conocidos o apenas se les recuerda: trabajaron desde el silencio, desde la humildad de sus salones de ensayo y de sus salas llenas de espectadores y, lentamente, tras años de trabajo y logros extraordinarios, fueron dejando su sitio y desparecieron.
Cuando entendí que mi oficio y mi destino personal sería seguir sus pasos, entendí también que heredaba de ellos esa tradición desgarradora y única de vivir el presente sin otra expectativa que alcanzar la transparencia de un momento irrepetible. Un momento de encuentro con el otro en la oscuridad de un teatro, sin más protección que la verdad de un gesto, de una palabra reveladora.
Mi país teatral son esos momentos de encuentro con los espectadores que llegan noche a noche a nuestra sala, desde los rincones más disímiles de mi ciudad, para acompañarnos y compartir unas horas, unos minutos. Con esos momentos únicos construyo mi vida, dejo de ser yo, de sufrir por mí mismo y renazco y entiendo el significado del oficio de hacer teatro: vivir instantes de pura verdad efímera, donde sabemos que lo que decimos y hacemos, allí, bajo la luz de la escena, es cierto y refleja lo más profundo y lo más personal de nosotros. Mi país teatral, el mío y el de mis actores, es un país tejido por esos momentos donde dejamos atrás las máscaras, la retórica, el miedo a ser quienes somos, y nos damos las manos en la oscuridad.
La tradición del teatro es horizontal. No hay quien pueda afirmar que el teatro está en algún centro del mundo, en alguna ciudad o edificio privilegiado. El teatro, como yo lo he recibido, se extiende por una geografía invisible que mezcla las vidas de quienes lo hacen y la artesanía teatral en un mismo gesto unificador. Todos los maestros de teatro mueren con sus momentos de lucidez y de belleza irrepetibles, todos desaparecen del mismo modo sin dejar otra trascendencia que los ampare y los haga ilustres. Los maestros de teatro lo saben, no vale ningún reconocimiento ante esta certeza que es la raíz de nuestro trabajo: crear momentos de verdad, de ambigüedad, de fuerza, de libertad en la mayor de las precariedades. No sobrevivirán de ellos sino datos o registros de sus trabajos en videos y fotos que recogerán solo una pálida idea de lo que hicieron. Pero siempre faltará en esos registros la respuesta silenciosa del público que entiende en un instante que lo que allí pasa no puede ser traducido ni encontrado fuera, que la verdad que allí comparte es una experiencia de vida, por segundos más diáfana que la vida misma.
Cuando entendí que el teatro era un país en sí mismo, un gran territorio que abarca el mundo entero, nació en mí una decisión que también es una libertad: no tienes que alejarte ni moverte de donde te encuentras, no tienes que correr ni desplazarte. Allí donde existes está el público. Allí están los compañeros que necesitas a tu lado. Allá, fuera de tu casa, tienes toda la realidad diaria, opaca e impenetrable. Trabajas entonces desde esa inmovilidad aparente para construir el mayor de los viajes, para repetir la Odisea, el viaje de los argonautas: eres un viajero inmóvil que no para de acelerar la densidad y la rigidez de tu mundo real.
Tu viaje es hacia el instante, hacia el momento, hacia el encuentro irrepetible frente a tus semejantes. Tu viaje es hacia ellos, hacia su corazón, hacia su subjetividad. Viajas por dentro de ellos, de sus emociones, de sus recuerdos que despiertas y movilizas. Tu viaje es vertiginoso y nadie puede medirlo ni callarlo. Tampoco nadie lo podrá reconocer en su justa medida, es un viaje a través del imaginario de tu gente, una semilla que se siembra en la más remota de las tierras: la conciencia cívica, ética y humana de tus espectadores. Por ello, no me muevo, continúo en mi casa, entre mis allegados, en aparente quietud, trabajando día y noche, porque tengo el secreto de la velocidad.”
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