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Ante el escenario actual, el libre comercio parece una opción válida

En la medida en que avancen las reformas en la economía cubana, crezca la inversión extranjera y los lideres e instituciones gestionen la inserción de la Isla en esquemas de libre comercio, el despegue económico cubano será favorecido


3 de enero de 2018 - Por Jorge Gómez Barata

Ante el escenario actual, el libre comercio parece una opción válida

En todos los tiempos el comercio, que fue puente entre las naciones y las culturas, también se utilizó como medio de presión de los países poderosos para imponer condiciones a los débiles. Rendir por hambre ciudades y reinos fue una práctica corriente en la época medieval, e imponer sanciones económicas y comerciales es hoy un recurso manido. En ese ámbito, lo más notable por su persistencia, amplitud, carácter extraterritorial y crueldad es el bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba.  

Durante 30 años, Cuba enfrentó el bloqueo estadounidense asistida por la Unión Soviética, que mediante un intercambio bilateral justo proporcionó a la Isla los medios y recursos materiales para sobrevivir, desarrollarse e implementar eficaces programas sociales. En ese período, la lucha contra el bloqueo no asumió la urgencia e intensidad que alcanzaría después, cuando desaparecido el socialismo real, pasó a ser una cuestión de supervivencia.

A mediados de la década de los años dos mil, al sumarse a varios países sudamericanos, que para proteger su industria nacional rechazaron la propuesta de Estados Unidos de concertar un acuerdo de libre comercio regional denominado ALCA; Cuba, un país netamente importador y exportador, que debido al bloqueo era excluida de oficio, ejerció la solidaridad asumiendo una posición políticamente correcta, aunque para ella la defensa del libre comercio significaba un mentís al bloqueo. 

Por diversas razones la estrategia que entonces prevaleció, fue la de aislar a los Estados Unidos, no la de imponer la presencia de Cuba, posición modificada en 2009, cuando los países progresistas de América Latina y el Caribe lograron anular la resolución por la cual en 1962 se había expulsado a Cuba de la OEA, organización a la que el país no estaba interesado en reingresar, aunque sí en participar en la Cumbre de las Américas.

En 2014, de cara a la VIII Cumbre de las Américas convocada para 2015, los países del continente cerraron filas en la posición de que sin la Isla el evento no podía tener lugar. En tales circunstancias Panamá, país anfitrión decidió invitar a Cuba, y el gobierno de Estados Unidos, aunque con reservas, depuso sus objeciones. Así Cuba regresó al sistema interamericano y fue posible el encuentro de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, lo que contribuyó al inicio de las negociaciones conducentes al comienzo de la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

De entonces a la fecha las circunstancias han cambiado drásticamente. Al retroceso experimentado en las relaciones bilaterales desde la elección de Donald Trump, se suman los reveses de las fuerzas progresistas, lo cual obliga a Cuba a buscar soluciones a multitud de problemas asociados a la economía, entre ellos el comercio de importación y exportación, afectado por el bloqueo, situación que pudiera ser atenuada por soluciones que favorezcan el libre comercio con terceros países. 

Para Cuba el libre comercio parece una buena opción, porque tardará tiempo para que la producción local cubra una parte importante de las necesidades, y porque el proteccionismo no resguarda la industria nacional, sino que la acomoda. Sin competencia y con subsidios estatales, durante décadas los productores de bienes de consumo y los agricultores cubanos han lucrado vendiendo productos de baja calidad.

Tal vez, en la medida en que avancen las reformas en la economía cubana, progrese la apertura, se amplíe el sector privado, crezca la inversión extranjera y los líderes e instituciones gestionen la inserción de la Isla en esquemas de libre comercio, el despegue económico cubano será favorecido, y Estados Unidos volverá a percatarse, como ya lo hizo Barack Obama, que los bloqueos son de doble vía y perjudican tanto quien lo impone como a quien lo padece.

Por ahora a los activos nacionales apegados al sistema y que procuran políticas eficaces, solo les queda insistir en la pertinencia de mayor apertura para hacer valedera la fórmula de que mientras Estados Unidos cierra, Cuba abre.


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