Al Capone nunca estuvo en su casa
Unas semanas atrás, cerca del Faro de Maya, a una veintena de kilómetros de Varadero, tres autos de renta se detuvieron. Uno de sus conductores, con acento extranjero, pidió información: «Por favor, dónde queda la Casa de Al Capone».
15 de marzo de 2017 - Tomado de Juventud Rebelde
Unas semanas atrás, cerca del Faro de Maya, a una veintena de kilómetros de Varadero, tres autos de renta se detuvieron. Uno de sus conductores, con acento extranjero, pidió información: «Por favor, dónde queda la Casa de Al Capone».
Sabíamos de ese sitio, el restaurante Casa de Al, en Avenida 1ra. del reparto Kawama, pero ese hecho nos llamó la atención.
El inmueble fue propiedad del coronel Eugenio Silva Giquel. Es una construcción hermosa, encima de la playa, de cantería, hormigón armado y madera. Como edificación sentó las pautas de la modalidad de los muros de canto a vista. Sobresale por el énfasis otorgado al valor plástico de los volúmenes. En su interior destacan las galerías de bajo puntal y recios arcos de medio punto, con balcones y ventanas con persianas.

Esta casa fue propiedad del coronel Eugenio Silva Giquel. Foto: Heidi González Arango
Desde 1978 hasta 1984 sus habitaciones fueron utilizadas como oficinas de la naciente Escuela de Iniciación Deportiva Luis Augusto Turcios Lima. Luego, fue propiedad del Ministerio del Turismo (Mintur) hasta que heredó su administración, con nombre incluido, el Grupo Extrahotelero Palmares.
La ficha técnica de la Oficina de Patrimonio provincial señala que el inmueble, hoy restaurante Casa de Al se construyó en la década de 1930 y fue una de las primeras viviendas del reparto Kawama. Para esta fecha ya Al Capone estaba encarcelado.
En la actualidad, en los jardines de la entrada permanece moldeada en concreto una «réplica» de un auto de los que usaba el mafioso por los años 1920. Ya en el portal, da la bienvenida una fotografía a tamaño natural de Al Capone vestido de traje negro y mordisqueando un tabaco, quizá un puro cubano.
En las paredes están colgados varios cuadros con fotos y datos biográficos del personaje, además de fotocopias de artículos de la prensa. En su interior, a la izquierda, está el Bar Capo, cuyo letrero cuenta con una imagen del mafioso; y, a la derecha, se aprecia otro retrato en una de las paredes del salón principal.
En una crónica publicada en este diario, el periodista Ciro Bianchi recrea la estancia de Al Capone en La Habana, en 1928, para supervisar la compra de alcoholes que se introducían de contrabando en Estados Unidos: «Capone daba muestras de una afición por las mujeres y de un delirio por la publicidad impensable en un mafioso. Gustaba que se hablara de su persona y se repitiera su nombre. En el Hotel Sevilla, de La Habana, se dice, alquiló todo un piso para él y su comitiva de guardaespaldas y consejeros».
A la luz de esta publicación, parece improbable que Al Capone haya conocido la playa azul. Todo indica que un personaje tan dado a la publicidad y a la exaltación de su propia leyenda, difícilmente dejaría pasar la oportunidad de que se mencionara su estancia en esa región turística.
«Que yo sepa, Al Capone nunca estuvo en Varadero, lo de su casa fue algo que alguien inventó para vender ese sitio al turismo», refiere el investigador cardenense Ernesto Álvarez Blanco, experto conocedor del nacimiento y desarrollo de ese balneario, además de un escudriñador de las decenas de personalidades que se deslumbraron con su hermosura.
«El nombre fue puesto hace tiempo. El ambiente es tal como si de verdad Al Capone hubiese estado allí y eso no es real; no existe referencia de que estuvo en Varadero», afirmó Bielka Cantillo, directora del Centro Provincial de Patrimonio Cultural, mientras enfatiza a JR que es bueno el estado de conservación del inmueble, que ha sido poco transformado y posee primer grado de protección.
«Si ahora a un lugar con valor patrimonial se le va a realizar algún cambio de uso, de restauración, la Oficina del Plan Director de Varadero solicita las regulaciones patrimoniales y se revisa todo, hasta el nombre, para que represente auténticamente los valores de la cultura de Varadero», precisa Bielka Cantillo.
«Las personas que visitan nuestro país se encuentran un lugar como este que no se promociona por sus valores arquitectónicos ni históricos; y con un nombre que no tiene nada que ver con nuestra historia ni identidad, hay una distorsión histórica y las personas después transmiten algo que no es verdadero», añade la especialista.
Desde el 2012 se han consolidado más las relaciones entre el Mintur, la Oficina del Plan Director de Varadero y el Centro Provincial de Patrimonio, agrega Bielka. Al preguntársele por los requisitos para ponerle a una institución algún nombre, como por ejemplo el hipotético de Meyer Lansky, la especialista acotó que se analizaría, pero que, por supuesto, no estarían de acuerdo con eso.
«En el patrimonio trasciende lo que desde el punto de vista histórico tiene un valor con el cual las personas se identifican y que va hacia lo positivo, lo que representó una personalidad de la cultura o la historia; pero normalmente en ninguna parte del mundo se presentan lugares asociados a personalidades negativas. Habría que ver con qué idea se identificó así ese restaurante, pero realmente no se sustenta en nada sólido, porque esa no fue su casa; sería preferible que le hubiesen puesto la Casa Giquel, que sí fue su dueño, y que tuviera fotos de época y de esa familia, con un interés desde otro punto de vista», resume Cantillo.
Al no existir referencias históricas, se deduce que Al Capone no estuvo en Varadero.
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