“Bolivia duele, pero el mundo debe luchar y aprender”
La juventud no es revolucionaria “per se”. Hay que educarla y prepararla para que toda su fuerza se dirija hacia la construcción de un mundo mejor, que es posible y necesario para los pueblos.
22 de noviembre de 2019 - Por Juan Dinza Betancourt
La juventud no es revolucionaria “per se”. Hay que educarla y prepararla para que toda su fuerza se dirija hacia la construcción de un mundo mejor, que es posible y necesario para los pueblos.
Espanta ver que en Bolivia menores de 30 años agrupados en la Unión Juvenil Cruceñista, admiradores de culturas extrañas como las de los Utachas de Croacia y las SS de la Alemania nazi, algunos de ellos procesados judicialmente con relación a hechos de violencia racista, encabezan acciones violentas contra su pueblo, usando la táctica de sorprender y atacar en grupo, con armas contundentes, para agredir a personas desarmadas, aisladas y débiles.
“Es peligroso para un pueblo que nace, el espectáculo y el contacto de una agrupación de hombres inactivos que no crea ni aspira”, alertaba nuestro José Martí.
Desde que el trabajo es reconocido como un eficaz método educativo, su ausencia destaca entre los autores de hechos vandálicos a escala global.
En su obra “El Hombre y el Socialismo en Cuba”, el Che, protagonista principal del primer trabajo voluntario realizado en nuestro país, cuyo aniversario número 60 celebraremos pasado mañana 23 de noviembre, se refería a los jóvenes diciendo que en la Revolución Cubana “su educación es cada vez más completa y no olvidamos su integración al trabajo desde los primeros instantes. Nuestros becarios hacen trabajo físico en sus vacaciones o simultáneamente con el estudio. El trabajo es un premio en ciertos casos, un instrumento de educación en otros, jamás un castigo”.
Bolivia duele, pero luchamos y aprendemos.
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