¿Se puede morir de pena?
La interrogante ha resurgido tras la muerte de la actriz norteamericana Debbie Reynolds, de 84 años, quien falleció un día después de la muerte de su hija.
2 de enero de 2017 - Marlene Esterellas
A raíz del caso de la actriz norteamericana Debbie Reynolds, de 84 años, quien falleció el pasado miércoles 24 de diciembre, un día después de la muerte de su hija, la también actriz estadounidense Carrie Fisher, ha vuelto a poner en primer plano la pregunta: ¿Puede alguien morir de pena?
Carrie Fisher, quien dio vida a la legendaria Princesa Leia de "La guerra de las galaxias", sufrió un ataque cardíaco masivo en un vuelo hacia Los Ángeles que le produjo la muerte el 23 de diciembre último.
Un día después, su madre se sintió mal, y su hijo Todd Fisher la condujo a una clínica de esa ciudad, Allí le dijo: 'quiero estar con Carrie'. Y, entonces, se fue, por un accidente cerebrovascular", precisó Todd, quien agregó que la muerte de su hermana "fue demasiado para su madre".
Al respecto, un reportaje de la BBC recuerda que historias similares de familiares que mueren con pocas horas o días de diferencia, hacen pensar que puede tratarse de un patrón.
Una investigación publicada en el 2014 en la revista británica Internal Medicine, refiere que el número de personas que sufrieron un ataque al corazón o un accidente cerebrovascular en el mes posterior a la muerte de un ser querido, era el doble que un grupo que no estaba atravesando ningún duelo.
Uno de los autores del estudio, el doctor Sunil Shah, de la Universidad de Londres, afirmó que "Con frecuencia se utiliza el término 'corazón roto' para definir el dolor de perder a un ser querido. Nuestro investigación muestra que el duelo puede tener un efecto directo en la salud del corazón".
Al hablarse de "síndrome de corazón roto" –agregó- "es una condición temporal en la que el músculo cardíaco se debilita repentinamente o se aturde. El ventrículo izquierdo, una de las cavidades del corazón, cambia de forma por el estrés súbito”
De esta forma, es posible que sí: se puede morir de pena.
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