#LaHabana500…. Un majestuoso regalo para la ciudad maravilla (+ Fotos)
De pequeña cuando escuchaba hablar de El Capitolio era recurrente el adjetivo majestuoso. Aunque lo había visitado anteriormente, el recuerdo de aquel monumento era bastante vago, por eso, aprovechando la cobertura de su reciente apertura luego de un profundo proceso de restauración, me aventuré a revisitarlo.
3 de febrero de 2019 - Por Elizabeth Cabrera Morejón
De pequeña cuando escuchaba hablar de El Capitolio era recurrente el adjetivo majestuoso. Aunque lo había visitado anteriormente, el recuerdo de aquel monumento era bastante vago, por eso, aprovechando la cobertura de su reciente apertura luego de un profundo proceso de restauración, me aventuré a revisitarlo.
El ser humano vive de expectativas. Si estas son superadas por la realidad, la sensación es tan gratificante que nos llena de vida. Así le pasó a esta reportera mientras caminaba por el Salón de los Pasos Perdidos, mientras fotografiaba ansiosa cada detalle y mientras descendía la escalinata de 55 escalones que nos devuelve a La Habana. Sí, porque estar dentro del Capitolio es como entrar al closet que lleva a Narnia, es viajar en el tiempo, estar en el pasado y el futuro a la misma vez.
El proyecto para crear este edificio, que a menudo se compara con el de los Estados Unidos aunque no sea una réplica de él, comenzó en abril de 1926 durante la administración de Gerardo Machado y su construcción fue supervisada por la firma estadounidense Purdy y Henderson.
Para terminar la construcción de este monumento de más de 200 por 92 metros (681 por 300 pies) se necesitaron más de 5000 trabajadores, 3 años, 3 meses, 20 días y aproximadamente 17 millones de dólares estadounidenses, cifras recompensadas con el hecho de que en 1929 cuando se concluyó y hasta la década de 1950, fue el edificio más alto de la antigua Villa de San Cristóbal.
La Tumba del Mambí Desconocido, uno de los espacios insignes del Capitolio Nacional es una sala con forma de bóveda que se ubica justo debajo de la rotonda del Salón de Los Pasos Perdidos, “y en el eje vertical coinciden el centro de la cúpula, el diamante y la llama eterna de bronce y mármol que corona el recinto. La Tumba es una piedra de mármol donde descansa simbólicamente una de las expresiones del fundamento moral, político e histórico de la nación”.

Entre los elementos más llamativos de la emblemática edificación destaca su cúpula, resultado de la obra del arquitecto Eugenio Rayneri Piedra, quien se inspiró en el Panteón de París. La misma está revestida de piedra alrededor de un marco de acero que se construyó en Estados Unidos y muestra los escudos de las antiguas seis provincias cubanas.

El Capitolio acoge entre sus salas la tercera estatua de interior más grande del mundo solo superada por el Buda de Nara en Japón y la estatua de Abraham Lincoln en el Lincoln Memorial en Washington. La Estatua de la República, con 49 toneladas y una altura total de 14.60 metros, representa a una mujer joven de pie, vestida con una túnica, con casco, escudo y lanza, esculpida por el italiano Angelo Zanelli, quien se inspiró en la diosa griega de la sabiduría Atenea y en Lily Valty, una cubana criolla que sirvió como modelo. Cubierta con una hoja de oro de 22 quilates, la estatua se fundió en bronce en Roma en tres piezas y se reunió dentro del edificio después de su llegada a Cuba.

El Kilómetro Cero, punto de partida de todas las carreteras del país, está representado con un diamante (réplica de 25 quilates) incrustado en el piso del centro de la sala principal. “El diamante original, que se dice perteneció al zar Nicolás II de Rusia y fue vendido al estado cubano por un comerciante turco, fue robado el 25 de marzo de 1946 y misteriosamente devuelto al presidente, Ramón Grau San Martín, el 2 de junio de ese mismo año”.

El famoso Salón de los Pasos Perdidos, llamado así por sus propiedades acústicas y no por creencia popular de la presencia invisible de alguna entidad que haya perdido el rumbo, se caracteriza por su estilo ecléctico, su belleza y calidad constructiva. Sus pisos de mármol con incrustaciones y las lámparas doradas, conducen a las dos cámaras semicirculares que antiguamente albergaban el Parlamento y la Cámara de Diputados.

En dependencia de cómo se inicie el recorrido guiado, ya sea a la entrada o a la salida, uno queda siempre impresionado por su escalinata, por los miles de turistas, habaneros y cubanos todos que esperan al pie de la misma para llevarse una instantánea o hacerse un selfie para las redes sociales. “A ambos lados del final de la escalera hay dos grupos escultóricos de bronce con pedestal de granito (también de Zanelli) uno masculino y otro femenino, con una altura de 6.70 metros que representan El Trabajo, avance de la actividad humana y La virtud tutelar del pueblo”.

Desde el 2013, el gobierno cubano ha estado restaurando el edificio para su uso como sede de la Asamblea Nacional de Cuba, lo que ha permitido que el inmueble recobre la belleza de su fachada y se refirme como uno de los sitios cubanos más emblemáticos, un regalo más para esta ciudad en su 500 aniversario.
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