#LaHabana500… una ciudad hecha fortaleza (+ Fotos)
Me atrevo a asegurar que muy pocas valijas salen de Cuba sin una estatuilla de yeso o madera, o de cualquiera de los materiales con que se fabrican los souvenirs de esta isla, que represente al Morro de La Habana.
11 de mayo de 2019 - Por Elizabeth Cabrera Morejón
Me atrevo a asegurar que muy pocas valijas salen de Cuba sin una estatuilla de yeso o madera, o de cualquiera de los materiales con que se fabrican los souvenirs de esta isla, que represente al Morro de La Habana. La foto desde el malecón habanero nunca queda entre los pendientes, porque si hay algo que define a Cuba en el mundo, es este símbolo que luce la ciudad maravilla en sus 500 años.
Diseñado en las últimas décadas del siglo XVI por el ingeniero Bautista Antonelli, el Castillo de los Tres Reyes del Morro se creó con el objetivo de proteger a la Villa de San Cristóbal de La Habana. “Desde las alturas del Castillo, emplazado en un risco de la entrada del puerto, podía visualizarse la primitiva villa, por ello se convirtió en el principal punto de contacto con las demás defensas. Esta condición hizo que la fortaleza constituyera la primordial custodia de la urbe hasta la construcción de La Cabaña, en el último tercio del siglo XVIII”.
La fortaleza adopta su nombre para evocar por una parte a los tres reyes magos y, por otra, a la porción de terreno donde se encuentra enclavado, alto, rocoso, escarpado, aislado y a la orilla del mar. Desde principio del siglo XVI el puerto de La Habana recibía a las naves que venían por la ruta de navegación y comercio del Canal Viejo de Bahamas pero no es hasta 1541 que se reconoce como punto de reunión de las flotas de Tierra Firme y de Nueva España.
La construcción del Castillo de los Tres Reyes del Morro comenzó en 1589, al mismo tiempo que la del Castillo de San Salvador de La Punta y se extendió hasta bien entrado el siglo XVII a causa de impedimentos económicos y contradicciones gubernamentales. Entre 1600 y 1607 se cerraron las bóvedas y se concluyó la plataforma que se había venido construyendo, en la cual se colocaron 12 cañones, conocidos como los doce apóstoles. El resto de las obras complementarias, como alojamientos para las tropas, almacenes de municiones y víveres, algunos aljibes, se concluyeron en 1610.

El Morro es un polígono irregular que se ajusta a una larga lengüeta que sale al mar y da paso al puerto, proyectándose en las aguas en ángulo agudo. Sus espacios interiores poseían un sistema dinámico de interconexión entre sí, que se completaron con diferentes vías de acceso y de comunicación adecuadas.
“Forman parte de la defensa exterior que acompaña el frente: el foso, concebido sin agua y profundo para impedir el paso del enemigo; la contraescarpa, pared opuesta al muro escarpado del castillo, que tiene como intermediario al foso; el camino cubierto, terreno natural inmediato a la contraescarpa, que se extiende paralelamente a la línea del frente de tierra y estuvo delimitado y protegido por una estancada y después por un parapeto, para la alineación de la tropa y la fusilería; el glasis, terreno continuo en declive que aumentaba la fuerza de atrincheramiento, dificultaba la bajada al foso y cubría la obra a los ojos del ofensor”.
Concluida la ocupación inglesa en La Habana, el nuevo gobierno español en Cuba lleva a efecto un moderno y funcional plan defensivo adecuado a las condiciones topográficas de la ciudad con dirección de los ingenieros militares Silvestre Abarca y Agustín Crame, quienes de 1763 a 1766 cambiaron el aspecto morfológico de la primitiva planta del Castillo de los Tres Reyes del Morro.

Durante los años 90 del siglo XX se realizaron nuevamente labores de rescate y conservación de toda la obra, y, a partir de entonces, sus espacios se transformaron en galerías de arte y escenarios de eventos culturales, que lo convirtieron en un popular atractivo turístico de La Habana. Recientemente para homenajear a la capital cubana en sus 500 años, se le otorgó la sede de la edición 39 de la Feria Internacional de Turismo FitCuba 2019, que reunió a entidades cubanas hoteleras y asociados extranjeros, agencias de viajes, receptivos y líneas aéreas que mostraron las potencialidades del destino Cuba.

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