#LaHabana500… Bendecida desde la bahía (+ Fotos)
Admirar La Habana desde el Cristo de Casablanca, es una experiencia embriagadora a la que pocos visitantes, domésticos y extranjeros, pueden renunciar. Esta majestuosa y colosal estatua ubicada a la entrada del puerto habanero, es uno de los símbolos más populares de la Ciudad Maravilla en sus 500 años.
4 de mayo de 2019 - Por Elizabeth Cabrera Morejón
Admirar La Habana desde el Cristo de Casablanca, es una experiencia embriagadora a la que pocos visitantes, domésticos y extranjeros, pueden renunciar. Esta majestuosa y colosal estatua ubicada a la entrada del puerto habanero, es uno de los símbolos más populares de la Ciudad Maravilla en sus 500 años.
Sus valores arquitectónicos lo convierten en patrimonio de obligada conservación y cuidado, por lo que el año 2013 la Comisión Nacional de Monumentos le confirió al equipo de trabajo encargado de su reconstrucción, el Premio Nacional de Restauración. Más tarde, el 6 de noviembre de 2017, fue declarado Monumento Nacional.
La creación y emplazamiento del Cristo responde a una promesa hecha por la esposa de Fulgencio Batista en un momento de desesperación luego del asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957 para ajusticiar al dictador. En aquel momento, la primera dama juró erigir una imagen divina que pudiera ser divisada desde cualquier rincón de la ciudad si su esposo escapaba con vida.
“Entonces fue lanzada la convocatoria al concurso El Cristo de La Habana, y en la capital se creó un Patronato con el propósito de recaudar fondos para sufragar la ejecución del proyecto que resultara ganador. La entonces Primera Dama, Martha Fernández Miranda, encabezó la colecta que finalmente pudo reunir 200 000 pesos”.
El boceto de la escultora cubana Jilma Madera resultó ganador del certamen, inspirado en su ideal de belleza masculina: ojos oblicuos, labios pulposos, en sintonía con el mestizaje racial que nos identifica. “Seguí mis principios y traté de lograr una estatua llena de vigor y firmeza humana. Al rostro le imprimí serenidad y entereza como para dar alguien que tiene la certidumbre de sus ideas; no lo vi como un angelito entre nubes, sino con los pies firmes en la tierra." Con el afán de otorgarle identidad propia, le incorporó al diseño unas sandalias.
Para su construcción Jilma permaneció dos años en Italia, donde dirigió a los obreros técnica y artísticamente. Después de que recibiera la bendición del Papa Pío XII, el barco que condujo las piezas zarpó del puerto de Marina, en Carrara, a mediados de 1958.
Inaugurada el 25 de diciembre de ese mismo año, la obra tiene una altura de veinte metros sobre la base de tres metros. Teniendo en cuenta la explanada sobre la colina donde está situada, su altura se eleva a 51 metros sobre el nivel del mar. Para el montaje fueron utilizadas 600 toneladas de mármol blanco de Carrara y la fuerza de trabajo de 17 hombres auxiliados por una grúa. Finalmente quedó conformada por 12 estratos horizontales con 67 piezas que se imbrican en el interior, con un peso total de 320 toneladas.

“Resultó curioso que en momentos de colocar la obra en la loma, no se le instaló un pararrayos, puesto que su tamaño, y la armazón ferrosa del centro, hacían de la figura un punto extremadamente vulnerable. A su regreso de Italia, Jilma trajo consigo un bloque adicional de mármol, por si algún día hacía falta, lo que en efecto sucedió poco después. En 1961, se anunciaba en el noticiero de televisión, que, como consecuencia de prolongadas tormentas eléctricas, un rayo había impactado y perforado la cabeza del Cristo. Al año siguiente, una segunda descarga estremeció nuevamente la cabeza, y luego, en 1986, sobrevino la tercera. Fue reparado y ubicado un pararrayos”.

La figura de Jesús de pie, ha sido testigo de promesas de amor, inspiración para cientos de artistas, fotógrafos y escritores que admiran a este ícono capitalino que, con una mano en el pecho y la otra en alto, bendice hace 61 años a esta ciudad.
Visible por su altura desde diferentes puntos de la geografía habanera, regala una de las más hermosas e imponentes vistas La Habana, adornada por el paso de buques de gran porte y el ir y venir de las famosas lanchitas de Regla y Casablanca, que transportan a los vecinos a ambos lados de la bahía.

A pesar de su parecido con el Cristo de Río de Janeiro en Brasil, este tiene peculiaridades muy propias de los cubanos. Sus ojos vacíos dan la impresión de mirar a todos desde cualquier lugar y su porte da la bienvenida a la nombrada ciudad de las columnas para celebrar, desde su serenidad, el aniversario 500 de la otrora Villa de San Cristóbal.
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