#LaHabana500… A las tablas del Martí

El Teatro Martí de La Habana, uno de los más célebres teatros cubanos, volvió a ser noticia hace algunos años luego de su completa restauración.


8 de septiembre de 2019 - Elizabeth Cabrera Morejón

#LaHabana500… A las tablas del Martí

A pesar de no haber tenido todavía  la oportunidad de adentrarme en sus pasillos, me decido a escribir sobre él por la rica historia que le precede.  El Teatro Martí de La Habana, uno de los más célebres teatros cubanos, volvió a ser noticia hace algunos años luego de su completa restauración. Reconocido en sus inicios como teatro Irijoa, su programación y su céntrica ubicación le permitieron alcanzar la popularidad entre los habaneros de entonces que admiraban el teatro bufo cubano.

Fue inaugurado el 8 de junio de 1884 por su constructor Ricardo Irijoa, cuenta una arquitectura exterior formada por un bloque rectangular coronado por una cornisa corrida a su alrededor y un pretil originalmente rematado por copas. “La horizontalidad del edificio es equilibrada por el tratamiento vertical de las ventanas. La cubierta a dos aguas, algo retirada, se expresa como un frontón con una luceta semicircular en su centro, sobre la puerta principal. El interior del inmueble, con columnas de hierro fundido, pisos de mármol, alfombras, cortinas, espejos y lunetas de hierro, ofrecía una mayor riqueza a la edificación patrimonial”

Una ventilación y acústica excelente así como adelantos tecnológicos para la época que le permitía mecánicamente colocar el piso de la platea al nivel del vestíbulo y el escenario para la realización de bailes y otras actividades, lo hicieron destacar en el ámbito cultural de la década de los ochenta. “Contaba, asimismo, con locales para camerinos, vestuario, utilería y otros usos, además de un restaurante, un café al aire libre y un jardín con esculturas, fuentes y elementos de mobiliario”.

Para 1899  el inmueble pasó a manos de Enrique Pastoriza, quien compró el teatro a los herederos de Irijoa y lo nombró Edén Garden. Más tarde en 1900 lo rebautizaron con el apellido Martí, “y al siguiente año quedó inscripto en la historia nacional al servir de sede a la Asamblea Constituyente encargada de redactar la primera Carta Magna para la república cubana a estrenarse el 20 de mayo de 1902. En 1905 el Martí pasó a manos de José Cano de la Maza y su propiedad recayó en la señora Juana Cano de Font”.

Entre 1910 y 1914 sus carteleras anunciaron a las compañías de bufos cubanos de Alberto Garrido (padre) y de Arquímides Pous hasta que a partir de 1929 su escenario conocería la fiebre del tango que desencadenó Paco Spaventa. El cine sonoro también se apropió del teatro con las películas de Carlos Gardel y 1931 comenzó la temporada de teatro vernáculo de la Compañía de Manuel Suárez y Agustín Rodríguez, con Gonzalo Roig y Rodrigo Prats como directores y maestros concertadores, que se extendería durante más de un lustro para consolidar el arte lírico criollo.

Luego de 40 años de espera, los habaneros pudieron disfrutar del resultados de meses de restauración que vieron su fin con el sonido de las tres “campanadas de la alegría” que durante varias décadas anunciaban el comienzo de las funciones diarias a un público siempre dispuesto a aplaudir a sus artistas.

El 24 de febrero del 2014 se realizó la reapertura del Teatro Martí en una función inaugural con repertorio de lujo y la interpretación de piezas antológicas como las zarzuelas Cecilia Valdés, María la O, Amalia Batista y de Ernesto Lecuona, Damisela encantadora.

“Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana y artífice de este nuevo impulso a la recuperación de esta joya arquitectónica, calificó la apertura como un tributo pequeño y modesto a la obra de la nación cubana. Esta obra patrimonial requirió que se hicieran nuevos los entrepisos y escaleras de madera, las columnas de hierro fundido con capiteles y elementos ornamentales ubicados en la sala, mientras para rescatar la carpintería francesa se tuvo que recurrir a fotos históricas, así como hacer una doble en la fachada para evitar que interfieran los ruidos exteriores. Se ampliaron los camerinos, la cafetería y las áreas exteriores, y se climatizó totalmente la instalación. Se evitó al máximo intervenir el diseño original y fueron introducidos solo aquellos cambios imprescindibles”.

En este aniversario 500 de La Habana, el llamado teatro de las cien puertas, pone sus salas a disposición de los amantes de lo mejor del arte cubano en sus diferentes manifestaciones, una oportunidad que les aseguro, no me voy a perder.

 

 

 

 

 


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