#LaHabana500…… A los pies de la bahía (+ Fotos)

La Habana con sus encantos de ciudad maravilla, regala a diario, en sus ya casi 500 años, paisajes urbanos únicos que coquetean con miles de lentes creativos.


20 de enero de 2019 - Por Elizabeth Cabrera Morejón

#LaHabana500…… A los pies de la bahía (+ Fotos)

La Habana con sus encantos de ciudad maravilla, regala a diario, en sus ya casi 500 años, paisajes urbanos únicos que coquetean con miles de lentes creativos.

Quizás la vorágine cada vez más envolvente de la cotidianidad, limita que nos tomemos un segundo para admirar la belleza de nuestra bahía, los atardeceres habaneros y los rostros de nuestra gente.

Para muchos no es un secreto que desde hace más de tres años, el Paseo Marítimo Flotante de La Habana le ha dado más vida a la Alameda de Paula, una avenida construida en 1777 por el arquitecto Antonio Fernández de Trebejos y que hoy muestras nuevos bríos gracias a la Oficina del Historiador de la ciudad.

El nuevo emboque para la lanchita de Regla y Casablanca, y la cervecería o Almacén del Tabaco y la Madera aportan el toque final a este proyecto que diseña una Habana más bella, más auténtica, más turística y siempre en movimiento.

El puente flotante, como también se le conoce por los visitantes más asiduos, es una estructura de madera y acero conformada por pantalanes (muelle o embarcadero pequeño para barcos de poco tonelaje) que se fijan al borde del muro del malecón por medio de pasarelas y al fondo marino con tensores para mantener su posición insertada en la bahía.

La obra, mecida por una marea suave, aporta la tranquilidad ideal para escapar un día de la modernidad que se impone sobre esta urbe llena de contrastes.

Es el espacio ideal para la confluencia. Ni los gustos más extravagantes escapan a la seducción de este muelle que les da la bienvenida a los amantes del yoga, pescadores, enamorados y a las almas solitarias que buscan la compañía perfecta del azul que nos rodea.

El cubano es un ser de tradiciones, pero que gusta de reinventar las más arraigadas costumbres y acomodarlas a su realidad, es por ello que en un intento de insertar en Cuba el romanticismo parisino, las barandillas del muelle flotante fueron utilizadas por habaneros y turistas para poner sus candados del amor, en los cuales, por lo general, se escriben los nombres o iniciales del ser querido, y una vez cerrado, se lanza la llave al fondo de la bahía para simbolizar el amor eterno. Como todo en la vida, esta iniciativa tiene tantos defensores como detractores pero lo cierto es que a largo plazo y de popularizarse esta práctica, podría convertirse en un romántico problema.

Cuidemos, mantengamos y disfrutemos de este regalo que ingenieros y arquitectos nos ha legado para observar y observarnos desde un ángulo diferente, con el sonido siempre embriagador del mar y su aire renovador.

Sirva este paseo “para dejar los pensamientos ahogados allí y volver ligeros, vacíos de tedio”, estrenar sentimientos, llenarse de amor y de esperanzas, para dejarse reconquistar por esta ciudad en su 500 aniversario.


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