#LaHaban500… una plaza con historia

La plaza de Armas, testigo de toda la esencia cultural de los habaneros y foráneos que transitan por sus adoquines, es más que un cuadrilátero abierto de regulares dimensiones, sombreada por árboles y con bancos de piedra.


3 de noviembre de 2019 - Elizabeth Cabrera Morejón

#LaHaban500… una plaza con historia

Era bastante joven cuando recorrí por primera vez La plaza de Armas del Centro Histórico de la ciudad. En la adolescencia uno desconoce tanto y descubre tan poco. Por suerte con el paso del tiempo la propia historia toca a la puerta y uno no deja escapar detalles significativos de los sitios que hacen bella a nuestra Habana, la de 500 años.

Desde mi rol de periodista me enorgullezco en saber que dejé mis pasos en la más antigua de las cuatro plazas coloniales de La Habana Vieja, fundada en 1520 cuando se la conocía como Plaza de la Iglesia por albergar el posteriormente demolido Templo Parroquial Mayor, sede hoy del Palacio de los Capitanes Generales.

No es hasta el siglo XVI que se reconoce como Plaza de Armas, cuando fuera usada por el gobernador colonial como asiento para la práctica de ejercicios militares. “La plaza actual, al igual que la mayoría de los edificios que la rodean, datan de finales de la década de 1700. Actualmente la plaza acoge un interesante mercadillo de libros de segunda mano; una estatua de Carlos Manuel Céspedes, quien inició el camino hacia la independencia de Cuba en 1868; el Palacio de los Condes de Santovenia, que data de finales del siglo XVIII y que actualmente alberga el Hotel Santa Isabel de 5 estrellas”.

La plaza debe parte de su atractivo a que está rodeada de los museos y edificaciones monumentales más interesantes de la ciudad, el Museo de la Ciudad ubicado en el Palacio de los Capitanes Generales, el Palacio del Segundo Cabo, el Castillo de la Real Fuerza, el Museo y monumento El Templete, el Museo Nacional de Historia Natural, el Museo de Navegación y el Museo del Automóvil.

“La primera plaza existía junto al litoral desde el asentamiento definitivo de la villa; se conocía como de la Iglesia y sus funciones eran comerciales y públicas. Inicialmente se situaron a su alrededor las casas de los principales vecinos. Se trataba de una pequeña área ocupada junto a la bahía, con construcciones sobre todo de madera, yagua o guano, en la que se concentraban las más elementales funciones que había por entonces. En 1834, bajo el mandato de Miguel Tacón, se remodeló nuevamente y se le agregaron fuentes y áreas verdes”.

Este sitio, testigo de toda la esencia cultural de los habaneros y foráneos que transitan por sus adoquines, es más que un cuadrilátero abierto de regulares dimensiones, sombreada por árboles y con bancos de piedra. Fue y será durante décadas el punto de partida y puerto de llegada de los curiosos que apuestan por explorar la zona vieja de esta ciudad que ya está de cumpleaños.

 


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